"-Hay gente que ha nacido para ser feliz, y a mí todos los días de mi vida me han engañado. Todo lo que me prometieron me lo creí, pero nunca he conseguido nada....
-¿Cómo se imagina el futuro?
-Nunca lo he pensado. Cuando era pequeña solo deseaba una cosa: crecer. Quería que sucediera deprisa. Pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. No sé para qué. Hacerme mayor... El futuro es como una sala de espera. Como una gran estación con bancos y corrientes de aire. Y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes o taxis, tienen un sitio a dónde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada...esperando.
-¿Qué espera?
-Que me ocurra algo."
sábado, 19 de noviembre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
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Abrasadora combinación de sensación de hambre de ti, de angustia y dolor de cabeza, como el que te queda tras meter tu mente en un vórtice de excrementos vivos, del recuerdo de un futuro, que sabes, que podría formar parte de un guión perfecto, susurrado y enfrascado, que da vueltas en su trayectoria de caída desde el puente de tu cráneo, hasta el mar de penas que vienen descritas en la etiqueta y que justo al zambullirse, explota, devolviendo al mar los cristales que una vez le habían robado.
Cristales de colores parpadeantes, de olor almizcleño de un hipotético beso que nunca nos dimos, que parpadean y gritan.
Y, ¿para qué? Para nada. Para cruzar la meta que tanto ansiábamos, para conseguir la medalla de pasión, dorada a fuego lento, tras conversaciones, risas y pseudobesos… Y justo entonces… tropezar.
Y abrirte la cabeza derramando tu deseo, manchando los zapatos que, al pisar, dejan huella en el pecho…
Tu tacón en el pecho…
Y estando ahí de pie, mirándome con tus ojos salinos y afilados, me tiras cal a la cara, pensando que la arena de la playa podrá sanar mis heridas, de forma que el universo continúe dando volteretas.
La banda sonora de nuestra vida. De nuestras almas. Dirigida por un tuerto adalid que se bebe tus frases y eructa pompas que rodean una mano que se despide, burlándose de las demás manos, que a diferencia de ella, no pueden volar.
Pero solo hace falta un dardo para tirar por el suelo todas esas ideas que flotan, que se alzan, hacia un cielo que nunca alcanzarán, porque, aunque parezca mentira, y lo lógico fuese volar, prefieren el frío suelo.
Una mano que brota de él, haciendo sonar una campana que no la deja morir, quiere volar como su hermana, pero el badajo hace tiempo que se desprendió.
Y a la mañana siguiente, un arco iris se alza orgulloso, colocándose su traje de los domingos para asistir a la última misa, a la última llamada. Fuma en pipa larga unos sueños que ya no sirven ni para vivir despierto, ni para morir dormido. Las cenizas te las sirven de almuerzo entre horas, entre asesinato y papeleo, pero nunca son suficientes.
Cuanto más consumes, más necesitas. Y sigues fumando. Pero una luciérnaga fundida te mira a los ojos desde tu cañón de alquitrán y sonriéndote te promete algo mejor.
De nuevo, las manos estornudan. Te llevas la nariz a ellas para no molestar a nadie, pero todo el mundo te ha oído, te ha visto, te ha sentido, y sus cuellos te dan collejas en las manos, como cuando tú cogías pájaros que nadaban, peces que volaban…
Cristales de colores parpadeantes, de olor almizcleño de un hipotético beso que nunca nos dimos, que parpadean y gritan.
Y, ¿para qué? Para nada. Para cruzar la meta que tanto ansiábamos, para conseguir la medalla de pasión, dorada a fuego lento, tras conversaciones, risas y pseudobesos… Y justo entonces… tropezar.
Y abrirte la cabeza derramando tu deseo, manchando los zapatos que, al pisar, dejan huella en el pecho…
Tu tacón en el pecho…
Y estando ahí de pie, mirándome con tus ojos salinos y afilados, me tiras cal a la cara, pensando que la arena de la playa podrá sanar mis heridas, de forma que el universo continúe dando volteretas.
La banda sonora de nuestra vida. De nuestras almas. Dirigida por un tuerto adalid que se bebe tus frases y eructa pompas que rodean una mano que se despide, burlándose de las demás manos, que a diferencia de ella, no pueden volar.
Pero solo hace falta un dardo para tirar por el suelo todas esas ideas que flotan, que se alzan, hacia un cielo que nunca alcanzarán, porque, aunque parezca mentira, y lo lógico fuese volar, prefieren el frío suelo.
Una mano que brota de él, haciendo sonar una campana que no la deja morir, quiere volar como su hermana, pero el badajo hace tiempo que se desprendió.
Y a la mañana siguiente, un arco iris se alza orgulloso, colocándose su traje de los domingos para asistir a la última misa, a la última llamada. Fuma en pipa larga unos sueños que ya no sirven ni para vivir despierto, ni para morir dormido. Las cenizas te las sirven de almuerzo entre horas, entre asesinato y papeleo, pero nunca son suficientes.
Cuanto más consumes, más necesitas. Y sigues fumando. Pero una luciérnaga fundida te mira a los ojos desde tu cañón de alquitrán y sonriéndote te promete algo mejor.
De nuevo, las manos estornudan. Te llevas la nariz a ellas para no molestar a nadie, pero todo el mundo te ha oído, te ha visto, te ha sentido, y sus cuellos te dan collejas en las manos, como cuando tú cogías pájaros que nadaban, peces que volaban…
viernes, 23 de septiembre de 2011
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"Siempre es igual, idéntica, como si se tratara de una máscara y fuera independiente de mi verdadero humor. Este signo inequívoco de vileza ha determinado mi vida, una de las más desdichadas que conozco, y siempre en la misma dirección; desde mis primeras intuiciones supe que estaba obligado a simular una constante felicidad y que semejante rasgo iba a ser lo que me permitiera sobrevivir; la única fortaleza en donde podía sentirme a salvo de los innumerables ataques de los cuales iba a ser objeto. Una simulación de felicidad terca y constante me ha permitido, en efecto, llegar con vida al día de hoy, pero a costa de los mayores sufrimientos y de un hastío infinito."
martes, 10 de mayo de 2011
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- ¿Qué queréis las mujeres? ¿eh? ¿qué queréis? Queréis putos supermen, queréis tíos fuertes pero que tengan tipín. Que tengan pinta de atormentados pero que sean graciosos. Os gustan poetas, pero un poco brutos. Queréis que sean constantes, pero que sepan sorprenderos. Queréis que sean sinceros pero que conserven el misterio. Que estén locos por vosotras, pero que pasen de vuestro culo. Queréis que sean guapos pero que la belleza no importe. Que tengan un buen rabo pero que el tamaño de igual. Joder, queréis superhéroes del equilibrismo. Queréis que tengan la capacidad de abriros el cielo un momento pero solo para vosotras. Queréis que no tengan secretos, pero también que sean como desconocidos cada vez para que luego podáis sentir las putas hormiguitas en el estómago. Lo queréis todo, coño. Todo.
-Básicamente quiero que me haga sentir que no estoy desaprovechando mi vida, porque es muy corta. Quiero que me abra las piernas, no el cielo, pero que lo haga cada noche. Quiero que sepa mentirme, quiero que no me importen sus mentiras porque se deja su alma cuando está conmigo. Quiero que sea generoso porque puede, no por obligación. Quiero que tenga sangre en las venas. Quiero que me grite lo puta que soy cuando le abandono. Quiero un poco de épica. Quiero que le de igual lo que haga cuando no estoy con él, porque sabe que no voy a encontrar a nadie mejor. Quiero que me tiemblen las rodillas cuando me agarre la nuca. Quiero que la tenga bien grande y que el tamaño si importe.
-Lo que yo decía, superhéroe.
-Básicamente quiero que me haga sentir que no estoy desaprovechando mi vida, porque es muy corta. Quiero que me abra las piernas, no el cielo, pero que lo haga cada noche. Quiero que sepa mentirme, quiero que no me importen sus mentiras porque se deja su alma cuando está conmigo. Quiero que sea generoso porque puede, no por obligación. Quiero que tenga sangre en las venas. Quiero que me grite lo puta que soy cuando le abandono. Quiero un poco de épica. Quiero que le de igual lo que haga cuando no estoy con él, porque sabe que no voy a encontrar a nadie mejor. Quiero que me tiemblen las rodillas cuando me agarre la nuca. Quiero que la tenga bien grande y que el tamaño si importe.
-Lo que yo decía, superhéroe.
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